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Horarios

 

Lunes a Jueves 10h a 14h y 17h a 22h

Viernes  10h a 14h y 19h a 22h

​Sábados 10h a 17h

Por Andrea Buscaldi

 

Mi padre trabajaba en la Generals Motors Argentina junto a su padre, era obrero metalúrgico.  La foto la encontró mi hermano y la guardé en una libreta de teléfonos de la época de la primaria.  Es pequeña, en blanco y negro y está fuera de foco, pero da una composición de lugar. Mi padre tendrá 20 años, está dentro de un camión de la GM, en el patio de la fábrica.  Tiene un brazo apoyado sobre la ventanilla y con el otro toma el volante. No mira de frente a la cámara, más que una mirada de costado, es como si estuviera pensando en algo que le dibuja una sonrisa leve.  El uniforme de mi padre es de tela Grafa, acartonado y áspero como el trabajo sistemático que realiza en jornadas de 10 horas de lunes a viernes. La tela resistente para terminar el trabajo, volver a empezar, una y otra vez.  La piel de mi padre es tersa, sin rastros de barba, el pelo abundante y oscuro, echado a un lado. La mano que toca el volante, cálida, mientras el codo apoya el frío metal de la ventana en ángulo con la puerta del conductor. O tal vez, no está frío, porque justo en esa parte, o en ese instante, lo toca un rayo de sol. En el patio del taller mecánico hay olor a nafta y a la combustión de las máquinas, pero dicho en la jerga del oficio, para él no era un “empleo”, era su oficio. Hay olor a sudor concentrado y a jabón blanco para lavar la ropa. Poco antes, mi padre toma un café bien cargado apurando un 43 70 en el patio de la fábrica a escondidas del capataz.  Después, los muchachos ríen por la pose de mi padre en el camión, como un Jeans Dean de la clase obrera bonaerense, mientras los veteranos hacen sonar las máquinas en concierto sin ninguna improvisación. El papel de la foto en su  granulado revela y no revela profundidades. La foto se puede acariciar y hundir las yemas de los dedos hasta el fondo, o acariciarla o hundirle las yemas hasta el fondo y viceversa, una y otra vez. Mi padre queda fijo en su pose de rebelde sin causa, en la foto pequeña, en blanco y negro y fuera de foco, sólo hay que asomarse, mirar para arriba y ver en el cielo casi diáfano, correr un par de nubes aisladas.