Ana

Por Carlos Giacomini

 

De madrugada planchó su primer uniforme y clausuró con orgullo su resistencia tenaz a la disciplina escolar. 
 Muy joven abrazó el oficio materno, embanderando el reconocimiento que sus corazones no encontraron a diario.
 Temprano transitó los pasillos oscuros hasta el vestidor de enfermería, camarín ilusorio donde colgó definitivamente las zapatillas de puntas de baile para calzar los blancos mocasines de servicio.
 Espera que una de sus compañeras  registre su primer día de trabajo en la maternidad donde verá llegar tanta vida y alejarse nunca poca.
 Hasta agotar toda la energía de su rebeldía ahogada que hoy liberan alegres sus tres nietos amorosos.      .