En cada cabeza hay un mundo

Por Elisa Gulminelli

 

Detrás de las ventanas hay ojos que miran, hacia adentro y hacia afuera. El gris lo abarca todo,
esconde los colores con su fealdad monocroma, pero los colores están allí, los oigo palpitar. No
es un lienzo en blanco, así sería más fácil.
El verano se fue y se llevó el sonido de los aires acondicionados; las cortinas se cerraron, y las
ventanas. Cada uno se quedó solo en su pequeño cuarto cerrado.
Mentira.
En cada cabeza hay un mundo, suena una canción, brilla una luz, se escribe una frase nueva.
Alguien se levanta, se prepara un café y piensa en su infancia. Otro agarra un libro y lee la
misma oración una y otra vez. Varios miran la tele. En la ventana del tercer piso ella espía para
ver si lo ve volver. En una cocina se empieza a sentir el perfume de una sopa que se calienta;
en el segundo alguien llena la bañera.
Yo estoy afuera, miro, imagino historias falsas. Saco una foto, otra más, y sigo mi camino.