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C O O P E R A T I V A

D E   L A  I M A G E N

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Horarios

 

Lunes 10h a 14h y 17h a 22h

Martes 10h a 14h y 16h a 22h

Miércoles 17h a 22h 

Jueves 10h a 14h y 17h a 22h

Viernes 10h a 14h

​Sábados 10h a 17h

¿Cuántas estrellas hay en el cielo?

por Andrea Lobos

 

I

   Desde el patio se huele el olor de las milanesas fritas que hace mi abuela Clara. Es verano, la piel transpira, y no nos importa, mi hermano mellizo y yo jugábamos a corrernos y atraparnos.

 

   Cada tanto el loro parado en las ramas de un árbol seco nos pregunta si tenemos frío, lo miramos, y nos reímos. Arturo, Arturo, le gritamos, y él nos mira y abre las alas verdes y amarillas. Nosotros esperamos que baje, pero no, sus ojos negros, que parecen botones, nos mira, sabe que lo deseamos, y en eso consiste el juego.

 

  Juntamos las uvas que caen de la parra, uvas negras. Levantamos un brazo, lo estiramos con la uva entre dos dedos, se la mostramos a Arturo. Abrimos nuestras bocas lo más que podemos y saboreamos. Arturo nos mira, y se va.

 

 

II

   Mi padre me besa y me pincha con la barba. Le pregunto por qué no se saca esos pelos de la cara. Porque me gusta así, me dice y me vuelve a besar.

 

 

 

III

   Cuento las estrellas que hay cielo. Mi abuelo junta ramas y papeles, enciende una hoguera. Para que no nos piquen los mosquitos, dice. Cuántas estrellas hay en el cielo, le pregunto. Infinitas, me dice, y tuve miedo.

 

 

IV

   La mano de mi madre sobre mi cuerpo, una cercanía que me atraviesa y me toca las vísceras. Ese contacto es un refugio sin condiciones. Irrepetible. Ahora lo sé.

 

 

V

   Apenas llegamos a la casa de la abuela, mi tía sale con la cámara. Nos dice que quiere tomarnos una foto, antes de que nos ensuciemos. Nos paramos delante de mi mamá, ella coloca una mano sobre mi hombro, y la otra sobre el hombro de mi hermano mellizo.

Una noche mi madre se acostó y la panza se separó en dos. Pasó la noche sin dormir.

 

Por la mañana le dijo a mi padre que tenía que ir al médico porque algo raro pasaba.

Se escuchan dos corazones, le dijo el médico. Son mellizos. Mi padre esperaba en la sala de espera de la clínica. Son dos, le dijo mi madre. Mi padre la miró, se levantó y se fue.

  

Durante la cena pensaron los nombres. Mi padre eligió los nombres de los varones y mi madre los de las mujeres.

 

Primero nació el varón, y después la mujer. Nunca imaginaron esa combinación.

 

Siempre pensé que iban a ser dos varones, decía mi padre. Y yo pensaba mi nombre en masculino.