Hermanos frente al río

por Stella Taverna

 

Ese día hablamos de aquello que nos preocupaba: nuestra madre. ¿Quién se haría cargo de ese pequeño problema? Vos decías que no te era posible. Eso lo dijiste allí, sentado sobre pedazos de piedras y ladrillos, aspirando ese olor más desagradable cada vez. El olor del río cuando empieza el atardecer.

Muchos años después de ese día, o tal vez no tantos, quizás solo una década después, me pediste que yo cuidara a mamá porque vos no tolerarías verla morir. No lo dijiste así, pero no recuerdo las palabras exactas. Lo que sí recuerdo es tu mirada fija en un punto lejano más allá de la pared, como si ya te hubieras ido.

Como si ya hubiera llegado el día siguiente.