Por Lucía Cullen

 

Soy lo que no soy. Una luna azul le da vida al que estaba preso. Mi monstruo araña mis costillas y
se libera en un grito. Mis dedos desgarran mi piel. Solo queda la fragilidad de mi cuerpo desnudo.
La elegancia etérea. En este momento en que me retuerzo y exploro mis sombras, siento.