Por Ludmila Aizenberg

 

Corría un sábado de Abril por la tarde cuando salí con un grupo de fotógrafos, algunos profesionales otros no, a sacar fotos por el barrio de Chacarita.

Un barrio donde convive la vida y la muerte.

Es un barrio por el cual había pasado muchas veces, pero nunca me detuve a sacar fotos.

Empecé sacando fotos por la Villa Fraga, donde nos recibieron con comida peruana y muy buena onda de la gente.

 A algunas personas dentro de la villa les molestaba que le saquemos fotos, a otros no.

Le pregunte a la chica que estaba con su hija en brazos si le podía sacar una foto y sin dudarlo me respondió que sí.

De todas las fotos que saque ese día, este retrato es uno de los que más me gusto.

La sonrisa de la madre y el gesto de la nena, siento me dieron mucha ternura.