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Papá Bostero
Por María Silvia Persico

 

Pienso en papá y en que el martes es su cumpleaños 95. Deportista de joven, siempre nos cuenta historias de su pasión por el fútbol y por Boca, el cuadro de su infancia. Cuenta que sus hermanos lo llevaban a los entrenamientos; antes, le hacían pedir el dinero para el seguro al abuelo y durante el entrenamiento y los partidos lo subían a caballito para que pudiera ver cómo jugaba el equipo. A él, el menor de los cuatro varones y de dos mujeres, que vivían con los abuelos en Barracas y la Bombonera les quedaba ahí nomás. Por eso, esta foto de sus seis años, serio, arrodillado en la terraza de la casa paterna, con ladrillos arrugados y calientes por el sol, y esas dos manos seguras sobre la pelota, me vuelve a su pasión bostera y a las historias que cuenta con la claridad de su memoria intacta. Cuando papá me muestra el libro de oro de Boca, que baja del estante de la biblioteca, lo abre siempre en la misma página, la de la foto de su hermano Roberto, vicepresidente de Boca en el tiempo de Evita, y aunque su hermano no haya querido continuar con el cargo después, siempre fue un ídolo para él, por Boca y por la medicina que practicó hasta su repentina muerte. Me acuerdo que cuando murió viajamos todos desde Mar del Plata y lo velamos en el Argerich. Me sé desde chica la marcha y los cantos de cancha de Boca y el cuadro campeón de los ’60. Los domingos por la tarde, cuando salíamos a dar vueltas por la costa marplatense, papá escuchaba los partidos en la radio. Sus nietos y sobrinos siempre le agradecen haberlos hecho de Boca. Yo me pregunto por qué no habrá defendido ante su padre el gran deseo de seguir jugando en su cuadro. Mi abuelo quería un hijo con estudios secundarios completos. Papá cuenta que después empezó a trabajar en la empresa y que se casó jovencito, a los veinticuatro. ¿Sabría papá que no podría jugar al fútbol hasta que naciera el varón después de cuatro mujeres? Hace unos años, cuando fuimos al Museo de la Pasión Boquense, mi papá encontró en una vitrina la foto de su hermano. Cuando lo vio, se hinchó feliz y terminamos la visita con foto bien bostera y la cancha de fondo. Papá es de hablar poco pero sus ojos y su boca se encienden cuando gana Boca o cuando se ríe.